Año nuevo, ¿vida nueva?

Entre los últimos días del año y los primeros del siguiente, es muy habitual leer recapitulaciones de lo que ha sido el año que se va, observar recopilaciones de las mejores fotos en Instagram, ver enunciados los propósitos para el año que entra… A veces me hace gracia, sobre todo cuando el marketing explota estos conceptos y nos vende publicidades horribles para que hagamos determinadas cosas (como apuntarnos al gimnasio). Cuando estoy más odiosa, incluso pienso que es una estupidez y que mis redes sociales están anegadas de topicazos que escribimos todos los años y que son absurdos. No sé el resto, pero yo me acuerdo que el 1 de enero de 2020 brindamos diciendo que iba a ser un gran año… Como hemos dicho todos los años. Si los pronósticos se cumplieran, a estas alturas viviríamos en una utopía ideal.

Si bien me parece absurdo confiar que, por el hecho de pasar de un año a otro, las cosas vayan a ir mejor, creo que el ejercicio de revisión de lo que hemos hecho y la planificación del porvenir es sano. Los japoneses limpian la casa a fondo, haciendo especial hincapié en las zonas que no suelen cuidar tanto a diario. Imagino que la limpieza del hogar es una metáfora de la preparación espiritual, del quitarse de encima aquello que no nos ha hecho bien. Si el cambio de un año a otro nos ayuda a recordar que revisar nuestra vida no viene mal, bienvenido sea. Igual que los dentistas nos dicen que cambiemos el cepillo de dientes al inicio de cada estación: es una técnica estupenda para acordarnos de renovarlo cada tres meses (en mi casa nos funciona).

Aunque recuerde con bastante nitidez el pasado y, en muchas ocasiones, lo añore, en ningún momento de mi vida he deseado volver a él, a cuando tenía x años o viví determinada experiencia. Para mí, el pasado está ahí, es importante y me sirve de brújula en la vida, pero no querría volver a absolutamente ningún momento, ni siquiera a los felices: ya los viví una vez y ahora me toca vivir otras cosas. Cada vez me proyecto menos en el futuro. Tengo una idea de lo que me gustaría hacer, de cuál es mi proyecto de vida…, pero la vida me ha dado tantas vueltas, que tampoco me parece sensato estar programando el futuro al detalle: ya veremos lo que trae el porvenir, casi nunca es lo que me había imaginado ni tenía planeado.

¿Carpe diem? Tampoco creo que sea cuestión de vivir el momento, sin pensar en lo que viene después, sin tener en cuenta cómo llegué hasta aquí, viviendo como si fuera a morir al día siguiente. Como todo, en su justa medida. Creo que la clave es saber quién soy, de dónde vengo, dónde estoy parada ahora y qué espero, más o menos, del futuro. Recapitular una y otra vez, aprender de los errores, disfrutar de los buenos momentos y las buenas compañías, ser crítica y honesta conmigo misma y tener ganas de seguir viviendo. Ni voy a conseguir trabajo mañana por desearlo con muchas ganas ni tiene sentido que me amargue pensando que mi vida no va a cambiar.

Bienvenidos sean el 2023 y las reflexiones sobre nuestras vidas (aunque luego vayamos a repetirlas en el 2024).