Estoy en el probador, me intento subir otro pantalón que tampoco me está. Me miro en el espejo, miro mis rollos, mi cuerpo voluptuoso. Me entran ganas de llorar. Soy una vaca, estoy horrible. Me vuelvo a poner mi ropa y me calzo los zapatos. Le devuelvo toda la ropa a la mujer del probador. Vago por los pasillos de la tienda como un alma en pena. Estoy fuera de mi cuerpo, que es una masa que se mueve con lentitud, casi arrastrando los pies. Sólo tengo ganas de ir y merendar algo rico que me saque algo de esta desazón. Pero, ¿cómo voy a seguir comiendo? ¡Si ese es el motivo de todos mis males! Bah, total, qué más da, si no me ha cabido nada…
En el camino a casa, la tristeza y la decepción van dejando paso al enfado. ¿Por qué en un sitio tan grande con ropa de un montón de marcas no hay nada para mí? ¿Por qué tengo que conformarme con ir a un rinconcito señalado con el cartel «tallas especiales» lleno de ropa horrible? ¿Qué me hace especial? ¿Ser gorda? ¿Las gordas somos especiales? Nunca he sentido que la sociedad me tratara como alguien especial por salirme de los cánones de belleza establecidos…
Hace unos días entré en un Zara gigante de tres plantas: no había absolutamente nada que me pudiera estar. Las tallas que suele haber en una tienda: 34, 36, 38, 40, 42 y, con suerte, 44. O: xs, s, m, l y, con suerte, xl. Cuando yo camino por la calle, veo taaaaaantos cuerpos distintos, más grandes, más chicos, alargados, redondos, con rollos, sin ellos, con una hermosa panza redonda… ¿Cómo es posible que la industria textil pretenda meter toda esta variedad en seis tallas? ¿Y las tiendas que sólo tienen talla única? Nunca entenderé eso de la talla única.
Por suerte, di con una tienda para gordas. Además es de producción nacional. La ropa es cara, pero muy linda y me queda muy bien. Voy con culpa a comprar, porque, ¿cómo me voy a gastar 45€ en un pantalón o 38€ en una blusa? Pues sí, me lo merezco. Me merezco vestir ropa que me guste, que me haga sentirme bien con mi cuerpo, que me haga sentirme un poquito diosa (aunque sea un ratito). Si tuviera algo más de dinero, qué linda iría siempre…