Descentralizar el eje de la discusión

Esta semana no quedé contenta con el resultado del episodio «¿Qué vale más: el arte o la vida?», del pódcast Hablemos… ¿De qué? Por cuestiones de tiempo, no pudimos preparar de manera conjunta el episodio, ni charlar mucho sobre el guion, íbamos medio apurados en la grabación porque llevábamos mucho sin publicar… Como dice la sabiduría popular: las prisas son malas consejeras.

Escuchando posteriormente el pódcast mientras fregaba los platos una tarde lluviosa, empecé a decirme que teníamos que bajar el episodio, que no estaba clara la idea que queríamos transmitir, que cómo iba a encargarme de la difusión en redes sociales (esta vez con reels incluidos) de esta «bazofia»… Pero no está tan mal y siempre se pueden completar las ideas por otro lado (en mi caso, a través de la escritura, que me gusta mucho más por el ejercicio de reflexión y revisión que lleva aparejada).

En teoría, las acciones de protesta perpetradas por activistas climáticos en las grandes pinacotecas europeas iban a ser la excusa para hablar del cambio climático, de qué distintas maneras protestamos y cuáles resultan ser más efectivas, de la cumbre del clima… Al final, nos enredamos en el dato de color, en lo chistoso que resulta que se vayan pegando a las cosas, en una enumeración pormenorizada de los «ataques vandálicos».

Mi gran preocupación es sumarnos a larga lista de gente que se queja de que unas cuantas personas atenten contra cuadros famosos, sacando del eje lo que verdaderamente hay que discutir: ¿qué estamos haciendo para frenar el cambio climático? ¿Sólo nos quejamos o hacemos algo más? ¿Qué formas de protesta serían las más eficientes?

Si destrozando –que tampoco es lo que están haciendo ahora– tres, cinco o diez cuadros de la Historia del Arte pudiéramos resolver el problema del cambio climático, no tendría ningún problema en que se hiciera. Pero no es una cadena de eventos concatenados: arremeter contra los cuadros no va a cambiar el panorama. Se puede argumentar, como han hecho estos activistas, que los cuadros son un mero reclamo para llamar la atención de la sociedad, ya que parece no escuchar ante manifestaciones y protestas de otro tipo. Mi lectura es que con estas acciones no están consiguiendo ese objetivo, sino que la gente hable de la vandalización del arte, de la estupidez de pegarse con pegamento a los objetos, de la irresponsabilidad de estos jóvenes… Al final, en vez de sumar adeptas/os para la lucha contra el cambio climático, consiguen poner a la sociedad en su contra, que se elaboren protocolos de seguridad para los museos (en lugar de protocolos para frenar el desastre climático), la banalización de la protesta…

En vez de estar hablando de que Coca-Cola, una multinacional enorme que consume muchísimos recursos naturales y que genera una barbaridad de residuos, es una de las grandes patrocinadoras de la COP27 (la cumbre del clima que se está celebrando en Egipto), entretenemos a la sociedad mostrándole vídeos de personas que se pegan a cuadros famosos, dicen un par de frases impactantes y, a veces, tiran comida a los óleos.

¿Qué hacemos cada uno de nosotros para frenar el cambio climático? ¿Somos conscientes de nuestra huella ecológica? ¿Pensamos en cuál es nuestro modo de vida y cómo repercute sobre el planeta? ¿Tenemos en cuenta esta realidad a la hora de ir a votar? ¿Hacemos algo por concienciar a nuestro entorno? ¿Entendemos que no podemos dejar el problema en manos de «la buena voluntad de las empresas»? ¿Presionamos a nuestros líderes políticos? ¿Somos conscientes de que nuestro modo de vida afecta muy negativamente a países que no tienen tanta culpa?

En mi caso, si bien me queda mucho por hacer, pues si todo el mundo viviera como yo, necesitaríamos casi dos Tierras para satisfacer la demanda; intento cuestionarme siempre en mi día a día: ¿era necesario comprar esto? ¿No podría haber buscado un producto con menos embalaje? ¿Mi dieta es sostenible?

¿Qué es más importante: el arte o la vida? Creo que es una pregunta desatinada. No podemos disociar a la humanidad del arte, porque es una de nuestras vías de expresión. Lo importante es tener nuestras prioridades claras y forzar a nuestros gobiernos y a los poderes económico y mediático (que van de la mano) a que escuchen a la comunidad científica y cumplan sus promesas. Pero, ojo, todas y todos tenemos que poner de nuestra parte. Se me ocurre que una campaña impactante utilizando el arte y que podría conseguir interpelar a la sociedad (de forma que actúe, no para que se queje de lo que no está en el centro de la cuestión) sería elegir cuadros famosos de paisajes y modificarlos para que reflejen el estado actual de la Tierra por culpa del cambio climático y la acción de los seres humanos: sequía, deforestación, áreas incendiadas, animales extinguidos, naturaleza llena de basura, smoke[1] Dos jóvenes de Just Stop Oil hicieron algo parecido con el cuadro «La carreta de heno» de John Constable. El problema: pegaron la nueva versión encima del famoso lienzo, por lo que se desvirtuó la protesta, ya que los medios la metieron en el saco de «la vandalización del arte por parte de unos loquitos».


[1] Buscando en internet, veo que el Museo del Prado y WWF ya tuvieron esta idea hace unos años.