Penélope ojerosa

Hay quien dice que Penélope pasaba las noches en vela para entretener pretendientes y darle tiempo a su querido Odiseo. Otros cuentan que él viajaba porque ella tenía una afición desmedida a tejer.

Nadie se enteró de nada. La pobre Penélope se pasaba las noches acosada por los desvelos. ¿Sería por la ansiedad de ver llegar a Odiseo? ¿O los ronquidos de algún pretendiente eran tan terribles? No sabemos. Pero, desde luego, la pobre tenía un insomnio épico.

Fito

–¿Escuchamos algo de música?

–Vale.

–¿Te parece bien Fito?

–Sí, claro. –Suena una música–. ¿Quién carajo es este?

–Fito.

–No, este no es Fito.

–Me vas a decir a mí si es Fito o no…

–Este es Fito. –Suena otra música–. Fito y Fitipaldis.

Algo así sucedió la primera vez que escuché a Fito Páez. Mi interlocutor era mi súper reciente novio cordobés y estábamos en la casa en la que viví unos intensos meses en 2015, en la esquina entre Santiago Cáceres y Alejandro Centeno. No tenía ni idea de que existía un Fito argentino. Lo siento mucho por mi querido Fito español, pero el rosarino me conquistó el corazón. Cuando Spotify empezó a dar las estadísticas anuales de cada usuario, me salió que El amor después del amor era el álbum que más reproducía en la plataforma. Matías siempre me dice de este disco que es el más hermoso del mundo y el más vendido en la historia del rock argentino.

El martes se me cumplió un sueño que creía utópico: vivir el recital de El amor después del amor, un disco que salió dos años antes de que yo llegara a este mundo. Unas cuatro horas antes del concierto me ofrecieron dos entradas de alguien que no iba a poder asistir. Sentí mucho que mi marido (quien me había descubierto a Fito hacía años) no me pudiera acompañar, pero conseguí compañeras de aventuras y fui al Wizink Center. Al entrar al recinto descubrimos que las localidades que nos habían caído del cielo (por intermediación de un ángel terrenal) eran increíbles: estábamos muy cerca del escenario y justo en medio, teníamos a Fito en frente en línea recta.

Se apagaron las luces y empezaron a sonar las primeras notas. Se me puso la carne de gallina. Me invadieron una alegría y emoción que no se fueron en las tres horas que duró el conciertazo. A ratos me emocioné y se me saltaron las lágrimas. Disfruté viendo a Fito tan contento, encantado de estar ahí sobre el escenario, reviviendo treinta años de historia. Estaba radiante.

Hacía casi cuatro meses había ido a mi primer concierto de rock, también en el Wizink Center. ¿A quién creéis que fui a ver? Pues al Fito español con el tour “Cada vez cadáver”, invitada por mi marido. Lo disfruté muchísimo. Él, rockero de cuna, que lleva yendo a recitales de todos los grandes desde que tiene uso de razón, estaba muy contento de verme así. El otro día llegué a casa a la una de la mañana eufórica, estuve dos horas hablando sin parar, contándole todo lo que había pasado en el recital a Matías. Le dije: «Ha sido increíble, mucho mejor que el de Fito [y Fitipaldis] al que fuimos juntes [que nos había gustado mucho]». Dos conciertos, los dos Fitos. ¿Existen las coincidencias?

Descentralizar el eje de la discusión

Esta semana no quedé contenta con el resultado del episodio «¿Qué vale más: el arte o la vida?», del pódcast Hablemos… ¿De qué? Por cuestiones de tiempo, no pudimos preparar de manera conjunta el episodio, ni charlar mucho sobre el guion, íbamos medio apurados en la grabación porque llevábamos mucho sin publicar… Como dice la sabiduría popular: las prisas son malas consejeras.

Escuchando posteriormente el pódcast mientras fregaba los platos una tarde lluviosa, empecé a decirme que teníamos que bajar el episodio, que no estaba clara la idea que queríamos transmitir, que cómo iba a encargarme de la difusión en redes sociales (esta vez con reels incluidos) de esta «bazofia»… Pero no está tan mal y siempre se pueden completar las ideas por otro lado (en mi caso, a través de la escritura, que me gusta mucho más por el ejercicio de reflexión y revisión que lleva aparejada).

En teoría, las acciones de protesta perpetradas por activistas climáticos en las grandes pinacotecas europeas iban a ser la excusa para hablar del cambio climático, de qué distintas maneras protestamos y cuáles resultan ser más efectivas, de la cumbre del clima… Al final, nos enredamos en el dato de color, en lo chistoso que resulta que se vayan pegando a las cosas, en una enumeración pormenorizada de los «ataques vandálicos».

Mi gran preocupación es sumarnos a larga lista de gente que se queja de que unas cuantas personas atenten contra cuadros famosos, sacando del eje lo que verdaderamente hay que discutir: ¿qué estamos haciendo para frenar el cambio climático? ¿Sólo nos quejamos o hacemos algo más? ¿Qué formas de protesta serían las más eficientes?

Si destrozando –que tampoco es lo que están haciendo ahora– tres, cinco o diez cuadros de la Historia del Arte pudiéramos resolver el problema del cambio climático, no tendría ningún problema en que se hiciera. Pero no es una cadena de eventos concatenados: arremeter contra los cuadros no va a cambiar el panorama. Se puede argumentar, como han hecho estos activistas, que los cuadros son un mero reclamo para llamar la atención de la sociedad, ya que parece no escuchar ante manifestaciones y protestas de otro tipo. Mi lectura es que con estas acciones no están consiguiendo ese objetivo, sino que la gente hable de la vandalización del arte, de la estupidez de pegarse con pegamento a los objetos, de la irresponsabilidad de estos jóvenes… Al final, en vez de sumar adeptas/os para la lucha contra el cambio climático, consiguen poner a la sociedad en su contra, que se elaboren protocolos de seguridad para los museos (en lugar de protocolos para frenar el desastre climático), la banalización de la protesta…

En vez de estar hablando de que Coca-Cola, una multinacional enorme que consume muchísimos recursos naturales y que genera una barbaridad de residuos, es una de las grandes patrocinadoras de la COP27 (la cumbre del clima que se está celebrando en Egipto), entretenemos a la sociedad mostrándole vídeos de personas que se pegan a cuadros famosos, dicen un par de frases impactantes y, a veces, tiran comida a los óleos.

¿Qué hacemos cada uno de nosotros para frenar el cambio climático? ¿Somos conscientes de nuestra huella ecológica? ¿Pensamos en cuál es nuestro modo de vida y cómo repercute sobre el planeta? ¿Tenemos en cuenta esta realidad a la hora de ir a votar? ¿Hacemos algo por concienciar a nuestro entorno? ¿Entendemos que no podemos dejar el problema en manos de «la buena voluntad de las empresas»? ¿Presionamos a nuestros líderes políticos? ¿Somos conscientes de que nuestro modo de vida afecta muy negativamente a países que no tienen tanta culpa?

En mi caso, si bien me queda mucho por hacer, pues si todo el mundo viviera como yo, necesitaríamos casi dos Tierras para satisfacer la demanda; intento cuestionarme siempre en mi día a día: ¿era necesario comprar esto? ¿No podría haber buscado un producto con menos embalaje? ¿Mi dieta es sostenible?

¿Qué es más importante: el arte o la vida? Creo que es una pregunta desatinada. No podemos disociar a la humanidad del arte, porque es una de nuestras vías de expresión. Lo importante es tener nuestras prioridades claras y forzar a nuestros gobiernos y a los poderes económico y mediático (que van de la mano) a que escuchen a la comunidad científica y cumplan sus promesas. Pero, ojo, todas y todos tenemos que poner de nuestra parte. Se me ocurre que una campaña impactante utilizando el arte y que podría conseguir interpelar a la sociedad (de forma que actúe, no para que se queje de lo que no está en el centro de la cuestión) sería elegir cuadros famosos de paisajes y modificarlos para que reflejen el estado actual de la Tierra por culpa del cambio climático y la acción de los seres humanos: sequía, deforestación, áreas incendiadas, animales extinguidos, naturaleza llena de basura, smoke[1] Dos jóvenes de Just Stop Oil hicieron algo parecido con el cuadro «La carreta de heno» de John Constable. El problema: pegaron la nueva versión encima del famoso lienzo, por lo que se desvirtuó la protesta, ya que los medios la metieron en el saco de «la vandalización del arte por parte de unos loquitos».


[1] Buscando en internet, veo que el Museo del Prado y WWF ya tuvieron esta idea hace unos años.

Podcast. «La banda sonora del patriarcado»

-Hablemos…

-¿De qué?

-De canciones machirulas.

El pasado 25 de noviembre fue el Día Internacional de la Violencia contra la Mujer. Desde el espacio de El Barrio de Las Letras hemos decidido sumarnos a las actividades alrededor de esta fecha de lucha y reivindicación de los derechos de las mujeres, compartiendo con nuestros oyentes y comentando una serie de canciones machirulas, que demuestran lo arraigada que está la violencia machista en nuestra cultura.

Podcast. «La sombra»

El viaje de Colón a América cambió radicalmente el mundo. A partir de ese momento, occidente se transformó definitivamente y América sufrió esa transformación. La figura del almirante genovés, como el hecho mismo de su hazaña, son vistos hoy desde la contradicción entre quienes glorifican el hecho y quienes condenan el genocidio y saqueo en que devino. ¿Colón fue sólo un marinero que se chocó con un continente, o fue el artífice de lo que vino después? Hablamos del 12 de octubre acompañados de la lectura de El arpa y la sombra de Alejo Carpentier.

Lectura de un fragmento de El arpa y la sombra:

Podcast. «Quién elige lo que vemos»

-Hablemos…

-¿De qué?

-Del algoritmo, de los algoritmos. De quién elige lo que vemos.

¿Por qué te aparecen determinados contenidos en tus redes sociales? ¿Estás segura/o de haber sido tú quien los eligió? ¿Son los algoritmos de las redes sociales la nueva mano invisible del mercado? ¿Te has dado cuenta de que el algoritmo silencia?

Podcast. «La mamá de Galeano»

En este nuevo episodio del podcast os introducimos la figura de Nellie Campobello, una escritora y bailarina mexicana que aportó varias obras al ciclo de la Revolución Mexicana.

Lectura de varios fragmentos de Cartucho:

Podcast. «Entrevista de trabajo»

-Hablemos…

-¿De qué?

-De las entrevistas de trabajo.

Una conversación sobre un momento crucial en la búsqueda de empleo: la entrevista de trabajo. ¿A cuántas entrevistas has ido a lo largo de tu vida? ¿Cómo se han desarrollado? En este episodio hablamos de consejos, anécdotas y modalidades extremas de buscar candidatos (como el método Grönholm).

Si te animas, ¡escríbenos un comentario contándonos tu experiencia!